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Un sargento de la Armada rescató "uno por uno" y a nado a 33 inmigrantes en Alborán

publicado a la‎(s)‎ 3 ene. 2011 13:40 por Mr Trikineitor   [ actualizado el 3 ene. 2011 13:56 ]

Un sargento de la Armada rescató "uno por uno" y a nado a 33 inmigrantes en Alborán

El sargento primero de la Armada Carlos Trujillo García se lanzó este domingo al agua amarrado a un cable guía para intentar alcanzar la patera varada en aguas de Alborán, en la que viajaban 33 inmigrantes, incluido un bebé alumbrado durante la travesía.

EUROPA PRESS

"Uno a uno", con el apoyo de los once hombres del destacamento de la isla de Alborán, frente a la costa de Almería, salvó la vida a todas estas personas. En declaraciones a Europa Press ha explicado que todo fue "de una forma improvisada" porque la patera "embarrancó y la embarcación de Salvamento Marítimo no podía acceder". "Tuvimos que decidir una opción y ante la desesperación de esas personas gritando, no pudimos más que improvisar, con riesgo para mis hombres, que acabaron magullados y con hipotermia", señala.

Según apunta, todo el destacamento participó en el rescate, aún a pesar de que no disponen de medios para ello. "Nosotros no tenemos para hacer una evacuación de rescate: Me até a un cabo, les dije que tirasen bien fuerte y hasta que dio", explica el sargento primero, quien reconoce que fue "una temeridad, porque no hay ni equipo ni nada", pero no había alternativa.

A partir de ese cabo, sujeto con fuerza por sus compañeros de destacamento, consiguió abrir una vía de escape para los náufragos. Durante más de dos horas, "en plena noche y con rompiente", Trujillo fue sacando de la barcaza a todos sus ocupantes. "Mis compañeros iban tirando de la cuerda y les íbamos sacando uno a uno", apostilla.

Dieron prioridad a los niños, por lo que el primero en salir en sus brazos fue el bebé nacido durante la travesía. "Estaba recién nacida, el cordón umbilical aún caliente y la madre no se podía ni mover", recuerda.

Trujillo dice que será difícil de olvidar la imagen de aquellas personas. "Estaban en plena desesperación, asustados, con hipotermia, y con esa señora que estaba recién parida", indica el sargento, quien señala que la patera se quedó sin combustible, de modo que la marea "les fue metiendo en el barranco hasta que vieron imposible salir de ahí".

Asimismo, reconoce que la imagen de aquellas 33 personas varadas en el mar aún tiene "conmocionados" a los once hombres que componen el Destacamento de la Isla de Alborán, entre el oficial, el suboficial, el cabo, los marineros y los infantes, aunque pesa más la "satisfacción plena" que han sentido al conocer que 24 horas después, se encontraban todos en buen estado.  

La Isla de Alborán, situada a 50 millas al sur de Almería, es una reserva marina y de pesca custodiada permanentemente por un destacamento de la Armada Española compuesto por un grupo marinos entre los que se encuentran cuatro infantes de marina.


ABC. 14 de diciembre de 2010

El sargento primero de la Armada Carlos Trujillo es un héroe, pero no ha merecido más que unas escasas líneas en edición en papel de ABC y nada, absolutamente nada, en los otros dos grandes periódicos nacionales. El militar se lanzó en la noche del domingo a las frías aguas del mar de Alborán atado a un cable guía para intentar alcanzar una patera encallada en un rompiente, en la que viajaban 33 inmigrantes, en su mayoría mujeres y niños, y un bebé aún con el cordón umbilical. Posiblemente, le debe la vida. Pero en España, sólo un cable de Europa Press, cuenta su hazaña.

Sostiene el sargento primero Carlos Trujillo que “todo fue de forma improvisada”, que tuvo que permanecer más de dos horas en el agua para rescatar, “uno a uno” a los 33 seres humanos que estaban a punto de naufragar.

Sostiene el sargento Carlos Trujillo que pudo hacerlo gracias a los 11 hombres del destacamento de la isla de Alborán, que la patera encalló “y la embarcación de Salvamento Marítimo no podía acceder”. “Tuvimos que decidir una opción y ante la desesperación de esas personas gritando, no pudimos más que improvisar, con riesgo para mis hombres, que acabaron magullados y con hipotermia”.

Sostiene Carlos Trujillo que no disponen de medios para efectuar un rescate como el que él y sus hombres afrontaron esa madrugada, pero que “me até a un cabo, les dije a mis compañeros que tirasen bien fuerte y hasta que dio”. Durante más de dos horas, fue sacando de la barcaza a todos sus ocupantes. “Mis compañeros iban tirando de la cuerda y les íbamos sacando uno a uno”. Dieron prioridad a los niños, y el primero en cruzar e mar en brazos del sargento fue el bebé “nacido durante la travesía, con el cordón umbilical aún caliente. La madre no se podía ni mover”.

Sostiene Carlos que fue una temeridad, “porque no hay equipo ni hay nada”, pero no había más alternativa: “Estaban en plena desesperación, asustados, con hipotermia, y con esa señora que estaba recién parida...”. También reconoce que la imagen de aquellas 33 personas varadas en el mar aún tiene “conmocionados” a los once hombres que componen el Destacamento de la Isla de Alborán, entre el oficial, el suboficial, el cabo, los marineros y los infantes, aunque pesa más la “satisfacción plena” que han sentido al conocer que 24 horas después, se encontraban todos en buen estado

Todo esto sostiene Carlos Trujillo, sargento primero de la Armada, otro héroe del Ejército español que apenas ha tenido un hueco en la prensa del día después de su gesta y la de sus compañeros. Ni en el papel ni en Internet. España ya puede seguir las evoluciones de Belén Esteban, los perros verdes, los mapaches invasores, las comparecencias de los ministros en estado de alarma y los Rodríguez Menéndez en la noria. Los españoles pueden estar atentos a eso porque hay héroes como Carlos cuidando de nosotros en el más absoluto anonimato. 

¡Qué país!

Una joven da a luz en la patera en la que trataba de alcanzar la Costa de Granada

El agente Puche salvó la vida al bebé, que estaba helado, al cobijarlo dentro de su abrigo durante las casi tres horas de travesía hasta el Puerto de Motril

La vida se abre paso hasta en las condiciones más extremas. En ocasiones, de forma milagrosa, como lo hizo ayer, en una patera, un dramático escenario que hasta ahora había traído drama y muertes a la Costa de Granada, pero jamás una nueva vida. Ayer una joven subsahariana dio a luz a un niño dentro de la patera en la que viajaba hacinada con otras 35 personas -entre ellas cinco niños y 13 mujeres, varias de ellas embarazadas- cuando trataba de alcanzar las costas granadinas. Tras una infernal travesía, la débil embarcación quedó varada en una playa de la Isla de Alborán, encallada en una zona de imposible acceso salvo por mar, y allí, aislada, a la joven subsahariana le sobrevino el parto. El bebé nació así en el interior de la embarcación, un hecho insólito en la historia de la inmigración ilegal en Granada y probablemente en toda España.
Hipotermia
Según relataron los responsables de Salvamento Marítimo y Guardia Civil del Mar que llevaron a cabo el rescate, fueron los militares destacados en la Isla de Alborán los primeros que acudieron en auxilio de los inmigrantes y lograron sacarlos, uno a uno, entre las rocas, hasta ponerlos a salvo. La madre se encontraba destrozada tras el alumbramiento en unas condiciones tan precarias y extremas. Y el bebé, en los primeros minutos de su azarosa vida, estaba helado de frío, incluso se había mojado, por lo que se temió por su vida.
Pero como en toda historia asombrosa que se precie, siempre hay héroes cotidianos que acuden al rescate. Y en este caso fue el agente Puche de la Guardia Civil del Mar el que salvó la vida del bebé brindándole el calor que en esos momentos no podía darle su madre. «Cuando lo cogí el niño traía aún el cordón umbilical colgando. Me lo dieron los militares en una manta, estaba mojado. Al principio estaba muy frío, no reaccionaba, lo apreté contra mi pecho y fue entrando en calor, luego lloró un par de veces», relataba anoche el agente tras llegar al Puerto, pasadas las once de la noche. El bebé pasó más de dos horas y media -la travesía desde la Isla de Alborán hasta el puerto- pegado al pecho del guardia civil, bajo el plumas de su uniforme.
«¡My baby, my baby!»
En el puerto esperaba el equipo de Respuesta Inmediata en Emergencias de Cruz Roja con una ambulancia. El primero en desembarcar fue el bebé, envuelto en una manta térmica. «¿My baby, my baby?», preguntaba extenuada madre, que abandonó la embarcación de rescate en camilla y fue trasladada en la ambulancia hasta el hospital de Motril junto a su hijo.
«El guardia civil no se ha separado del niño. Se ve que de la emoción el susto o el miedo la madre se puso de parto en la misma patera, donde encalló la embarcación, en la playa», relataba el patrón de la Salvamar Hamal, Enrique Garverí, aún impresionado por la historia del pasajero más joven que jamás ha salvado su embarcación.
«Los militares lo han hecho muy bien, los han sacado por los acantilados y les han salvado la vida», destacaba el agente Puche, que rehuía de protagonismos «porque yo no he hecho nada extraordinario, nosotros estamos para esto, para ayudar a las personas».
El bebé no era el único pequeño que viajaba en la embarcación. «¡Corred que esto viene que parece una guardería!», apremiaba uno de los profesionales de Salvamento Marítimo a los voluntarios de Cruz Roja nada más llegar a puerto, para que se hiciesen cargo de los demás pequeños, al menos cinco, algunos con apenas meses, otro de unos dos años y otro de cinco, que se aferraba con fuerza a la mano de su padre.
Anoche la madre y su bebé se recuperaban en el hospital. Seguro que a la hora de elegir el nombre, la joven mamá ahora también tiene en cuenta el del agente que cuidó a su hijo en sus primeras horas en el mundo, Carlos. Sería un bello homenaje a todos los que salvan vidas en alta mar -la Guardia Civil, los profesionales de Salvamento Marítimo- y a los que ya en tierra -Cruz Roja, Policía Nacional o ayer los militares de la Isla de Alborán- se desvelan por cuidarles
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